Las personas que residen en geriátricos suelen tomar una amplia variedad de medicamentos. De hecho, en algunos casos, puede suponer hasta 6 tomas de medicamentos al día, ya que las personas en edad avanzada padecen con frecuencia múltiples enfermedades crónicas asociadas a polimedicación. Este hecho conlleva un mayor riesgo de utilización de medicamentos inadecuados, de interacciones y de reacciones adversas a los mismos

 

Dentro de esta medicación podemos encontrar las llamadas “sustancias controladas”, que son medicamentos con un alto potencial de abuso (tranquilizantes, narcóticos, etc.) y que deben ser objeto de un control estricto por parte del personal sanitario en lo referente a prescripción, dispensación y almacenamiento.

Este tipo de medicación es ampliamente utilizado en los geriátricos, sobre todo cuando los pacientes están en la última fase de sus vidas y necesitan estos medicamentos para controlar el dolor agudo. Por ello, una de las mayores preocupaciones del personal sanitario de estos establecimientos es que la medicación sea administrada de forma correcta y en el plazo adecuado.

Además de la importancia para el paciente de una correcta administración, también este factor se convierte en un indicador clave a la hora de establecer la calidad del servicio prestado a los pacientes. Teniendo en cuenta que los geriátricos están sometidos a control por parte de la Administración, se les exige unos estándares que deben cumplir y, entre ellos, se encuentra la correcta gestión de la administración de los medicamentos.

Hay tres razones principales por las que los geriátricos deben usar el SPD:

  • Mayor control de la administración de los medicamentos: menos errores.
  • Mejor seguimiento de las sustancias controladas
  • Mayor eficacia en la gestión de los medicamentos: ahorro de tiempo para las enfermeras.

Los residentes en los geriátricos suelen obtener sus medicamentos mes a mes y este tipo de envasado es problemático para el personal de los establecimientos sanitarios. Gracias a la aparición de los “blíster” o “tarjetas de bingo” creados en los años 60  por farmacéuticos que suministraban medicamentos a residencias de ancianos, la mayoría de geriátricos han mejorado el sistema de dispensación de medicamentos.

Uno de los principios clave en la mejora de la calidad continua es que se debe minimizar la desviación en los procesos. Por ejemplo, en el sector automovilístico, cada parte del proceso debe ser descrita detalladamente y cada trabajador debe realizar exactamente el mismo proceso. Este principio es totalmente aplicable en el caso de los geriátricos.

Así, en lo que respecta a la administración de medicamentos, este principio se puede lograr si el geriátrico establece procedimientos en la administración de medicamentos y cada enfermero/a sigue el mismo proceso. Los errores de medicación se minimizan cuando el envasado y el etiquetado de la medicación son iguales para cada paciente, logrando que el enfermero/a pueda seguir el mismo procedimiento en cada caso. Por el contrario, el uso de diferentes envases y etiquetas (típico cuando la medicación se obtiene de diferentes farmacias) incrementa significativamente la probabilidad de cometer errores.

Con el sistema tradicional de dispensación, que implica contar las dosis de cada medicamento varias veces al día, la tarea de dispensación resulta complicada. El personal sanitario tiene que desemblistar y contar las pastillas para verificar que la cantidad es la misma que la que consta en la receta y en un geriátrico de 120 camas, esto puede implicar contar más de mil pastillas al día.

Además del tiempo invertido en este proceso, surgen otros problemas cuando se utiliza el sistema tradicional. Por ejemplo, ¿qué ocurre si alguna medicación cae al suelo?: si esto ocurre, se debe hacer constar en un informe y desechar la medicación para evitar contaminar los otros medicamentos. Por último, debido al esfuerzo que debe hacer el personal sanitario en tiempo y coste, es posible que lleguen a ser menos cuidadosos con este proceso, dando lugar a errores en la dispensación de medicación.

Por tanto, es evidente que el uso del SPD mejora notablemente la eficiencia del personal sanitario a la hora de gestionar y administrar la medicación. Un uso continuado del sistema personalizado con blisters permite que el personal sea más rápido a la hora de preparar y administrar la medicación. Además, el control de las sustancias especiales se consigue mucho más fácilmente, ya que el personal puede, con un solo vistazo, saber cuántas dosis de dicha medicación hay en cada blíster. Por último, no es necesario manipular las dosis y se elimina el riesgo de contaminación o desperdicio.